REDBIARG

Presentación

septiembre 23, 2020

Estamos acá. Sí, estamos acá como siempre estuvimos, como jamás dejamos de estar, pero también como nunca estuvimos antes. Es un momento extraño, para todes, entre tanto encierro y tanta virtualidad; quizás resulte inesperado este paso que estamos dando. Quizás, al contrario, resulte lógico y predecible. Sabemos bien lo que es el encierro y la soledad y tenemos experiencia de sobra teniendo que extender los brazos a través de distancias imposibles para siquiera encontrarnos, apenas, desde la lejanía. Podría decirse que este es nuestro momento. Y es que la bisexualidad, contrario a toda representación en el imaginario colectivo, es increíblemente solitaria.

Aún así, y en plena pandemia, resultó que nos encontramos. Y encontramos que teníamos tan incorporada esa soledad, tan asumida la ausencia, que nos habíamos resignado a una existencia en la que el orgullo y el sentimiento de comunidad son para otres; en la que para nosotres sólo hay vergüenza y desconfianza. A la soledad, la vergüenza y la desconfianza se suman el rechazo y el miedo a las consecuencias de nombrarnos, sí, pero, ¿lo peor? Lo peor es el desamparo. Es saberte algo que nadie nombra, algo que a todas luces no existe, porque no está, no aparece por ningún lado; pero saberte con certeza y sin lugar a dudas distinto de lo que dicen que sos o debés ser; saber que eso que nadie nombra existe, porque vos existís, pero no tener nadie en quien reconocerte. 

Desde el momento que nos propusimos armar este espacio, descubrimos que esa soledad, que creíamos inamovible, está lejos de ser parte inherente de nuestra comunidad; no, esa soledad es impuesta, construida y sostenida sobre siglos de invisibilización, sobre cientos de bisexuales cuyas identidades fueron borradas de la historia de la comunidad LGBTIQ+ y de la humanidad toda, sobre la puesta en duda constante de nuestra mismísima existencia. Este proyecto se gestó apenas con un boca en boca de amigues y conocides y un breve llamado sin mucho detalle a artistas y escritores bi; en cuestión de horas, pasó. Fuimos llegando con cierta timidez e igual premura, como un montón de bichos sedientos encontrándose en el río y reconociéndose en les otres, descubriéndose una misma especie. Me supera el asombro y sólo me queda un muy poco elocuente: somos un montón y estamos acá. Estamos acá, abriendo este espacio desde donde reivindicamos a nuestres referentes, sus voces y sus historias, y también escribimos  -muches por primera vez- las propias.

A veces se dan estos encuentros fortuitos, estas coincidencias curiosas y fascinantes. Quizás sea, sencillamente, que las experiencias se estaban apilando en un rincón, a la espera de que alguien alumbre y revuelva a ver qué hay ahí. Cuando decidimos escribir estas notas, no hubo una consigna más allá de hablar. Hablar de lo que quisiéramos, desde nuestras bivencias, desde nuestras bisiones. Y sin embargo todas esas plumas apuntaron al mismo lugar, casi como si, más que plumas sueltas, fueran alas. Así que acá están estos pedazos de vidas, abriéndose para nunca más cerrarse. Acá están nuestras voces, que se elevan juntas hoy y atraviesan las distancias para decir lo que durante tanto tiempo apenas susurraron. Hoy volvemos a salir del clóset, esta vez juntes, en comunidad. Estamos acá.